
Nos encontramos en el sur de Francia, exactamente en la región de Occitania, en el departamento del Tarn, donde la producción local sigue siendo un pilar fundamental.
Estoy con Maxime, productor agrícola y cervecero artesanal del municipio de Lavaur, creador de La Caboteuse. Su historia es inspiradora y forma parte integral de este territorio, con una conciencia muy clara de lo que significan el consumo y la producción local.
¿De dónde surge la idea de hacer cerveza?
Maxime: En realidad, es una historia bastante antigua. Cuando era más joven, ya me gustaba transformar los frutos en casa de mis abuelos. Intentaba hacer productos fermentados, como jugos por ejemplo. Siempre tuve el sueño de trabajar con algo que viniera de la tierra y transformarlo en una bebida.
¿Cómo fue el proceso que te llevó a elegir la cerveza como producto?
Maxime: En un momento quise crear un proyecto agrícola, y estuve reflexionando en varias direcciones: hacer sidra, otras bebidas fermentadas… había muchas posibilidades. Mi hermano había estudiado viticultura y enología, y pensábamos que tal vez podríamos trabajar juntos. Finalmente, la idea de la cerveza surgió de manera bastante natural, y fue incluso mi hermano quien me la sugirió.
Empecé a hacer pruebas de elaboración y pronto compré el equipo necesario. La cervecería realmente comenzó hace unos diez años, aunque al principio todo era aún un poco tímido. Era un proyecto que tenía en mente desde hacía tiempo, pero me tomó un tiempo concretarlo; tengo la tendencia de querer hacer bien las cosas y necesito reflexionar antes de lanzarme.
Entonces, ¿por qué la cerveza?
Maxime: Porque quería trabajar con un producto que viniera de la tierra y concretar algo tangible: poner un producto en una botella y compartirlo. Eso nace de una pasión de mi adolescencia, en casa de mis abuelos, que con el tiempo se transformó en un proyecto de vida.
¿Pensaste hacerlo con tu hermano?
Maxime: Al principio me hubiera gustado instalarme con él, pero nuestros caminos se separaron un poco; él tenía sus proyectos y yo los míos. Finalmente, cada uno siguió su camino, aunque seguimos muy unidos y nos vemos a menudo.
Háblanos de tu relación con la tierra y la producción local.
Maxime: Mis abuelos y mis padres cultivaban la tierra, pero no como una actividad comercial: era simplemente para alimentarse. No se trataba de mostrarlo, era solo una manera de vivir.
Para mí, el interés de producir localmente es justamente permanecer anclado en un territorio, compartir con la gente que nos rodea. No busco exportar mis cervezas al otro lado del planeta. Claro, podría ser una oportunidad, pero no es mi prioridad. Lo que realmente me motiva es el aspecto local: crear un producto que forme parte de un lugar, de una identidad, y que los habitantes puedan apropiarse de él.
¿Qué es lo que más disfrutas de tu trabajo?
Maxime: Me da mucha satisfacción estar rodeado de productores que dominan todas las etapas: desde el cultivo hasta la transformación y el envasado. La gente está orgullosa de eso, orgullosa de consumir un producto de su territorio.
En la agricultura todavía existe cierto reconocimiento social: los campesinos, sobre todo los que trabajan en lo BIO, son bien vistos. Producir de manera orgánica y local da sentido al trabajo, pero también implica asumir toda la valorización del producto. A diferencia de un agricultor que vende su cosecha a una cooperativa, yo debo hacerlo todo: producir, transformar y vender.
¿Y cómo influye eso en la identidad de tu cerveza?
Maxime: La ventaja es que crea una identidad fuerte alrededor del producto. Los clientes se interesan por mis cervezas porque soy yo quien las hace, porque es mi granja, porque es el Tarn. Hay un vínculo muy concreto entre productor y consumidor. Y también están los valores: es ecológica, campesina, una cerveza de terroir.
Si mañana dejara la granja, si dejara de ser ecológico o cambiara completamente mi forma de producir, seguramente perdería parte de mis clientes. Para mí, la idea es realmente hacer una cerveza local, comprometida y anclada en la agricultura.
¿De dónde viene el nombre de tu cervecería?
Maxime: El nombre La Caboteuse viene precisamente de esta idea. El verbo caboter significa “navegar manteniendo la tierra a la vista”. Soy a la vez cervecero y campesino: hago cerveza sin dejar de tener los pies en la tierra, en el sentido más literal.
¿Cuáles son los principales desafíos de tu actividad?
Maxime: También está la parte menos “romántica”: ser campesino es también ser empresario. Hay que tomar decisiones, hacer compromisos. Por suerte tengo amigos y cercanos ecólogos o agrónomos con quienes puedo intercambiar ideas. Pero a veces, aunque pida consejos, debo decidir solo, porque hay que seguir avanzando.
¿Cómo percibes el impacto ambiental de la agricultura?
Maxime: La agricultura siempre es una forma de perturbación del ecosistema. Podemos ser ecológicos y hacer lo posible por limitar el impacto, pero producir alimentos implica necesariamente modificar un entorno. El desafío está en encontrar el equilibrio: poder vivir de nuestro trabajo minimizando el impacto ecológico. Es difícil, pero es el sentido de mi enfoque.
Para mí, todo en la naturaleza es una sucesión de perturbaciones que generan nueva vida. Por ejemplo, cuando una tormenta arranca los árboles, eso provoca cambios: aparecen nuevas flores, nuevos animales, y así sucesivamente. La naturaleza funciona así: siempre ha habido perturbaciones, y de ellas nacen nuevas oportunidades. Nuestra tarea, como seres humanos, es gestionar esas perturbaciones de la manera más respetuosa posible.
¿Qué te inspira fuera del trabajo?
Maxime: Me gusta mucho leer y también escuchar pódcasts. Últimamente leo un poco menos, pero sigue gustándome. A veces elijo un pódcast porque me atrae la historia que cuenta; si combina una buena narración con un buen contenido, lo encuentro muy relajante.
Uno de los libros que más ha marcado mi vida es El maestro de las abejas de Henri Vincenot. Lo leí a los 22 años y me conmovió profundamente. Fue en una época en la que comencé a descubrir la apicultura gracias a un anciano que me enseñó durante más de un año. En ese momento yo estudiaba dibujo industrial, nada que ver con la apicultura, pero ese encuentro cambió mi forma de ver la vida.
Recuerdo que después de leer el libro hice una lista de apicultores de mi región (en esa época no había internet ni teléfonos inteligentes). Un día me detuve en casa de uno de ellos, el único que me abrió la puerta. Ese encuentro fue decisivo para mí, porque me permitió descubrir de cerca el mundo rural y la vida campesina, algo que me fascinaba desde niño cuando visitaba a mis abuelos. Siempre me gustó la tierra, pero nunca pensé que podría convertirse en un oficio o un proyecto de vida.
Siempre he tenido un vínculo con el mar. Soy originario de Maubeuge pero crecí en Boulogne-sur-Mer, y siempre quise navegar. Practiqué carrovelismo y llegué a ser campeón de Francia en esa disciplina, aunque nunca subí a un velero, pese a que muchos amigos me lo propusieron. Más tarde trabajé en la industria naval, y ese universo —los puertos, los barcos, la construcción— siempre me ha fascinado.
¿Por qué instalaste tu cervecería en el departamento del Tarn?
Maxime: Más tarde viví en el sur: en Carcasona, en Toulouse… ¡donde bailaba tango! Quería encontrar un lugar cerca de Toulouse para mantener una vida social y desarrollar mi proyecto agrícola.
Exploré varios departamentos: el Gers, el Ariège, el Tarn. Finalmente, el Tarn me conquistó: sus paisajes están bien preservados, menos industrializados, y hay una auténtica dinámica local. Mi hermano ya se había instalado en Gaillac y mi pareja es originaria del Tarn, lo que facilitó nuestra integración.
Creo profundamente en el vínculo entre un producto y su territorio. Aquí, la gente conoce, reconoce y valora las producciones locales.
¿Qué desafíos ves para el futuro?
Maxime: El mayor desafío para mí es lograr que se reconozca mi trabajo. Uno puede ser el mejor productor o el mejor cervecero, pero si no te conocen, es difícil sobrevivir. La clave está en la existencia de consumidores comprometidos que apoyen a los productores locales, porque producir, en sí, cualquiera puede hacerlo si invierte lo suficiente. Pero sin ese vínculo entre consumidor y productor, el proyecto no se sostiene.
¿Cuáles son tus proyectos a largo plazo?
Maxime: A futuro, me gustaría continuar con la granja y mantener ese vínculo con la tierra y el mundo vegetal. Me apasiona plantar y cuidar árboles, y siento que la granja que hoy gestiono forma parte de una tradición: yo reemplazo a un agricultor que a su vez reemplazó a otro. Me gusta preservar esas prácticas antiguas, incluso en las partes de la explotación que no son rentables. Mi pareja, Hélène, también es apasionada por ese aspecto, ya que trabaja en el ámbito del paisaje y la herboristería (producción de gemoterapia) y conoce muy bien los árboles y la gestión del entorno natural.
Para terminar, ¿qué libro y/o pódcast recomendarías a quienes lean esta entrevista?
Maxime: Recomendaría el libro El maestro de las abejas, que cambió mi vida, y un pódcast que escucho mucho en este momento: Les naufragés, une histoire vraie, de France Inter, que cuenta historias reales del mundo marítimo. Son relatos que conectan la tierra y el mar, dos universos con los que me siento profundamente identificado.
Muchas gracias, Maxime, por esta entrevista.
Escuchar a Maxime es entender que detrás de cada cerveza artesanal hay mucho más que una receta: hay un vínculo profundo con la tierra, la tradición y las personas que transmiten su saber. Su historia muestra cómo las pasiones de la infancia, los encuentros decisivos y los libros que nos marcan pueden dar forma a un proyecto de vida.
Maxime no se limita a producir cerveza; cultiva relaciones: con la tierra que trabaja, con la comunidad que consume su producto, con otros agricultores que comparten valores similares y con su propia historia familiar, desde sus abuelos hasta su hermano y su compañera. Su granja y su cervecería son, de algún modo, la continuación de las generaciones que lo precedieron, pero también una apuesta hacia el futuro: demostrar que otra forma de producir y consumir es posible si cada uno asume su papel en esta cadena.
Su recomendación final —El maestro de las abejas y el pódcast Les naufragés— refleja perfectamente lo que él encarna: alguien que navega entre la tierra y el mar, entre la tradición y la modernidad, manteniendo vivos los vínculos que dan sentido a su trabajo.
Les invitamos a visitar su sitio web y sus redes sociales, donde encontrarán sus productos, en los siguientes enlaces
Brasserie Paysanne La Caboteuse
Instagram: @La.Caboteuse


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